miércoles, 29 de agosto de 2007

NOTILOLA DE SEPTIEMBRE DEL 2.007 - PAG. 2



Mc 9, 30-37 Salieron de allí y atravesaron Galilea. Y no quería que nadie lo supiese, porque iba instruyendo a sus discípulos. Y les decía: —El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán, y después de muerto resucitará a los tres días. Pero ellos no entendían sus palabras y temían preguntarle. Y llegaron a Cafarnaún. Estando ya en casa, les preguntó: —¿De qué hablabais por el camino? Pero ellos callaban, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién sería el mayor. Entonces se sentó y, llamando a los doce, les dijo: —Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y servidor de todos. Y acercó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: —El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado. El valor de ser últimos: Hoy podemos contemplar, con ocasión del pasaje de san Marcos que nos presenta la Iglesia en este domingo, a los Apóstoles del Señor, que son hombres corrientes del mundo, con defectos como los demás, como nosotros. Nos fijamos en aquellos que acabaron siendo las columnas de la Iglesia y, con su fe y la entrega de su vida por el Evangelio, hicieron posible el cristianismo. Y los vemos, sin embargo, bastante ajenos a los afanes de su Señor, tan pendientes de lo suyo que parece preocuparles poco la salvación del mundo. Al contemplar a Cristo al final de su vida en favor de la humanidad, advertimos que nos enriqueció como no podíamos soñar: con la vida eterna, mientras que Él no logró para sí nada de la humanidad. Incluso rechazó los honores cuando quisieron proclamarlo rey a lo humano, para que no se malinterpretara la razón de su venida. Sin embargo, tenemos bien claro que la vida de Cristo fue un rotundo éxito y pudo proclamar, como la verdad más clamorosa en el instante mismo de su muerte: todo está cumplido. Expresando el perfecto acabamiento de su misión entre los hombres, en favor de los hombres. En esos momentos finales de Jesús de Nazaret, que Él mismo prevé ante sus discípulos, como hoy consideramos, no recibe, sin embargo, el aplauso de los hombres aunque nadie había hecho ni haría jamás tanto por ellos. Jesús es despreciado por quienes ama, justo cuando manifiesta su máximo amor. Nada es más irrazonable e inhumano, y por ello exclamará: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. De este modo nos enseña que el verdadero amor no espera ni busca nada para sí. Así lo había declarado con tiempo a los suyos: Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y servidor de todos. Pues quien es grande de verdad, el primero aunque no sea popularmente reconocido como tal, es aquel que se desvive sirviendo cuanto puede a todos, nada espera de modo que es considerado el último y, no pocas veces, es incluso despreciado..


Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María: La iglesia de Angers en Francia sostiene que San Maurilio instituyó esta fiesta en Angers como consecuencia de una revelación alrededor del año 430. En la noche del 8 de septiembre, un hombre escuchó a los ángeles cantando en el cielo, y al preguntarles la razón, le respondieron que estaban llenos de júbilo porque la Virgen había nacido ese día ((La fête angevine N.D. de France, IV, Paris, 1864. 1888.


ILUMINA Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Manuel, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: -¿Qué haces Manuel, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves... Entonces, el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi... No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite. Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil... Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás. ¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento. ¡Qué hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de los demás! Sin fijarnos si lo necesitan o no... Llevar luz y no oscuridad. Si toda la gente encendiera una luz el mundo entero estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad. Todos pasamos por situaciones difíciles a veces, todos sentimos el peso del dolor en determinados momentos de nuestras vidas, todos sufrimos en el alma en algunos momentos, lloramos en otros. Pero no debemos proyectar nuestro dolor cuando alguien desesperado busca ayuda en nosotros. No debemos exclamar como es costumbre: - ¡La vida es así!, llenos de rencor, llenos de odio. Al contrario, ayudemos a los demás sembrando esperanza en ese corazón herido.


Ensalada de Vegetales Marinados Ingredientes: 2 tomates maduros medianos - 1 pimiento verde mediano - 1 zucchini pequeño - ¼ taza de cebolla en tajadas finas - 2 cucharadas de perejil fresco picadito - 2 cucharadas de aceite de oliva - 2 cucharadas de vinagre balsámico - 2 cucharadas de agua - 1 cucharada de tomillo fresco o albahaca - 1 diente de ajo triturado - 1 cucharada de piñones (pine nuts) tostados, opcional. Preparación: Corte el tomate en gajos. Corte el pimiento verde en cuadritos. En un tazón grande combine tomates, pimiento verde , cebolla, perejil y los zucchinis cortados en rodajas finas, apanados y fritos, al último. Para el aderezo, combine en otro recipiente el aceite, vinagre, agua, tomillo o albahaca y ajo. Vierta el aderezo sobre los vegetales. Combine y deje reposar durante 30 a 60 minutos, antes de servir. Si desea, agregue los piñones.

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