LA VOLUNTAD DE DIOS no es solo para las cosas malas como enfermedades, si celebramos una fiesta linda, es voluntad de Dios. Todo es voluntad de Dios. Hay que dar gracias por todo lo que nos ha caído porque debemos vivir en el Espíritu de agradecimiento para alabar a Dios. Es una cuestión de pensar en la cantidad de cosas que se nos ha concedido en el ámbito de nuestra libertad, pero tenemos que tener cuidado de que sean la voluntad de Dios. Yo puedo quitarme la vida o no, para eso está el libre albedrío, venir a esta charla o no, dejar mi trabajo o no. La conciencia nos ayuda o, como decía San Ignacio, la voz de los sentimientos, la alegría del deber cumplido. A pesar de que Jesús sufrió dolores, sonríe en la cruz por el gozo del deber cumplido. Hay que estar muy enamorada para hacer lo que quiere la persona amada, hay que estar muy cerca de Dios y hablar con El como nuestro mejor amigo y tenerlo cerca siempre en nuestra vida y así aprender lo que le agrada a Dios, y si le agrada a Dios, ES PARA MI. La misión personal que tenemos es saber hallar y encontrar la voluntad de Dios, para amar y servir. Dios nos deja un gran espacio de libertad. Para reconocer qué le agrada a Dios, hay que estar cerca de El. Se siente una gran alegría al hacer lo que Dios quiere. Cuesta sacrificio y dolor, pero el único destino o misión que tenemos es amar, amar, a todo el mundo. La prueba de ello es que los niños down que no tienen mucha inteligencia, lo que saben es amar, es el único programa que tienen incluido. Esta es la esencia de Dios, Dios es amor, mientras más amemos a lo indeseable, al inamable. El haber sido creado a la imagen y semejanza de Dios es para amar. Si hay un enfermo, amarlo. Hay que amar hasta que duela, cuando ya duela estoy amando. Mientras más amamos es cuando más nos parecemos a Dios. La misión es que todo sea instaurado en Cristo Jesús, nada quedará por fuera. Jesús bajó al infierno el tercer día a buscar a su padre Abraham, no tiene límite la bondad de dios. Dios es amor, su esencia es amor. Por esencia Dios no puede hacer otra cosa que amar. Ama y haz lo que quieras pues si amas no matas, no calumnias, no robas, no abandonas a un niño. Dios nos da dones a todos y tenemos que poner nuestros talentos al servicio de Dios. Hay gente que desperdicia sus talentos, el uso de los talentos en lo que Dios quiere, te lleva a Jesús que es el remedo de la Cruz, es romper la cuenta que tenemos con Dios pues Jesús fue encargado de pagar nuestros pecados. Nadie ha podido captar la imagen de Jesús en el Huerto de los Olivos, el Padre prefirió al hombre antes que a su Hijo y el Hijo prefirió cumplir la voluntad del Padre por el bien de sus hermanos. Jesús fue un hombre absolutamente y Dios absolutamente, El murió como hombre y como Dios, pero como hombre sintió absolutamente todo. Tenemos que ser compasivos, cristificarnos, ese es nuestro máximo deber. Qué es lo que tengo que hacer que haría Cristo? Estamos llamados a hacer eso. Si realmente Cristo es nuestro modelo, tenemos que conocer sus pensamientos, sentimientos y acciones, su manera de ser. Acercarnos a El nos va a hacer una figura diferente. Dolores Sopeña decía “Graba Tu imagen como una placa fotográfica en mi corazón de modo que ya no tenga vida propia sino que haga todo lo que Tu sientes y quieres de mí”. El amor es hacer la voluntad del amado, es como unir dos velas y ya no sabes cuál cera es de cuál, la cera es Dios, El no tiene que hacer nuestra voluntad sino nosotros la voluntad de Dios. Vivir esa experiencia de la voluntad de Dios es consolador. Rezar, orar, orar y orar. Una Catequista que no ora ya no es. El Ave María y el Padre Nuestro son una parte evangélica, pero no hay que desproporcionar, no por eso dejaremos de ir a Misa. El ideal de nuestro modo de proceder el modo de proceder de Jesús, por eso hay que fijar en El los ojos de fe, a Jesús solo hay que verlo con fe.
Rosi Almeida Alava
INVOCACION A JESUSCRISTO MODELO: “Señor: meditando el modo nuestro de proceder he descubierto que el ideal de nuestro modo de proceder es el modo de proceder tuyo. Por eso fijo en Ti mis ojos de la fe, para contemplar tu iluminada figura tal como aparece en el Evangelio. Dame, sobre todo el sensus Christi que Pablo poseía: que yo pueda sentir con tus sentimientos, los sentimientos de Tu Corazón con que amabas al Padre y a los hombres. Quiero imitarte en esa interna y suprema disposición y también en tu vida cada día, actuando, en lo posible, como tú procediste. Enséñame a ser compasivo con los que sufren: con los pobres, con los leprosos, con los ciegos, con los paralíticos... Muéstrame cómo manifestabas tus emociones profundísimas hasta derramar lágrimas. O como cuando sentiste aquella mortal angustia que te hizo sudar sangre e hizo necesario el consuelo del ángel. Y, sobre todo, quiero aprender el modo como manifestaste aquel dolor máximo en la cruz, sintiéndote abandonado del Padre. Esa es la imagen tuya que contemplo en el Evangelio, ser noble, sublime, amable, ejemplar, poseedor de la perfecta armonía entre vida y doctrina, que hizo exclamar a tus enemigos: “Eres sincero, enseñas el camino de Dios con franqueza, no te importa de nadie, no tienes acepción de personas”. Aquella manera varonil, dura para contigo mismo, con privaciones y trabajos, pero para con los demás lleno de bondad y amor y deseo de servirles. Tu constante contacto con tu Padre en la oración, antes del alba, o mientras los demás dormían, era consuelo y aliento para predicar el Reino. Enséñame tu modo de mirar, como miraste a Pedro para llamarlo o para levantarlo, o como miraste al joven rico que no se decidió a seguirte, o como miraste bondadoso a las multitudes agolpadas en torno a Ti, o con ira cuando tus ojos se fijaban en los insinceros. Quisiera conocerte como eres: tu imagen sobre mí bastará para cambiarme. Desearía verte como Pedro cuando, sobrecogido de asombro tras la pesca milagrosa, toma conciencia de su condición de pecador en tu presencia. Querría oír tu voz en la sinagoga de Cafarnaún, o en el Monte, o cuando te dirigías a la muchedumbre “enseñando con autoridad”, una autoridad que sólo del Padre te podía venir. Haz que nosotros aprendamos de Ti en las cosas grandes y en las pequeñas, siguiendo tu ejemplo de total entrega al amor al Padre y a los hombres, hermanos nuestros, sintiéndonos muy cerca de Ti, pues te abajaste hasta nosotros, y al mismo tiempo tan distantes de ti, Dios infinito. Danos esa gracia, danos el sensus Christi que vivifique nuestra vida toda y nos enseñe –incluso en las cosas exteriores– a proceder conforme a tu Espíritu. Enséñanos tu “modo” para que sea “nuestro modo” en el día de hoy y podamos realizar el ideal de San Ignacio, ser compañeros tuyos, alter Christus, colaboradores tuyos en la obra de la redención. Pido a María, tu Madre Santísima, de quien naciste, con quien conviviste 33 años y que tanto contribuyó a plasmar y formar tu modo de ser y proceder, que forme en mí y en todos los hijos de la Compañía otros tantos Jesús como Tú.

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